Respuesta de Benjamin Netanyahu a la acusación de que Israel comete genocidio en Gaza, con una redacción que eligió un arma histórica y contundente:

"¿Pidieron los nazis a los judíos que se fueran con educación? ¿Les dijeron: por favor, váyanse? … Puedo mencionar a todos los líderes de la aniquilación a lo largo de la historia, pero ninguno de ellos hizo eso; sin embargo, cuando tomamos una medida necesaria para la seguridad de Israel, se convierte en un problema."

Lo llamativo aquí no es lo que dijo Netanyahu, sino lo que no dijo. Cuando afirma que “nadie” de los líderes del exterminio pidió a sus víctimas que se marcharan con educación, ofrece una lectura selectiva de una historia más compleja de lo que sugiere:

- El plan Madagascar (1940): los nazis pensaron de hecho en “deportar” a los judíos de Europa a una isla en el océano Índico.

- Antes de que estallara la guerra, el régimen nazi alentó la emigración judía desde Alemania y Austria, y facilitó la salida de decenas de miles.

- La Conferencia de Évian (1938) es la gran paradoja: los países del mundo se reunieron para debatir la acogida de refugiados judíos y todos la rechazaron—el propio mundo fue quien no “les pidió” permanecer, sino que se negó a recibirlos.

Los nazis no “pidieron con educación”, porque no necesitaban la cortesía. La fuerza les bastaba. Solo el “débil” se ve obligado a rodear la ley, o a inventar un “solución pacífica” porque sabe que, si no lo hace, no obtendrá lo que quiere.

Netanyahu no usa el pasado para enseñar, sino para silenciar la acusación. No basta con decir que lo que ocurre no es un exterminio: hay que dar la vuelta a la mesa haciendo que la comparación en sí sea una ofensa a la memoria del Holocausto. El recurso retórico está a la vista, pero es eficaz: quien critica a Israel pasa a ser—sin intención—quien minimiza el Holocausto.

Luego viene la frase más peligrosa, estructuralmente: “cuando tomamos una medida necesaria para la seguridad de Israel, el asunto se convierte en un problema”. Aquí el discurso pasa de la defensa a una definición previa: “necesario” es una palabra elástica, y “la necesidad de seguridad” justifica en la práctica cualquier acción bélica; entonces, el propio cuestionamiento se convierte en el problema, no la acción criticada.

El discurso no defiende un proceso militar, sino que construye un marco que hace que cualquier operación militar israelí—en Gaza o después—esté por encima del escrutinio moral por considerarla una “medida necesaria”. La pregunta que la cita plantea sin querer es: ¿qué ocurre cuando la respuesta al exterminio se convierte en una justificación permanente de cualquier acción?

$NVDAB