Trump es un político movido por sus propios intereses que siempre busca formas de acorralar a sus oponentes y avanzar su propia agenda. Arabia Saudita ha deseado durante mucho tiempo desarrollar su propia capacidad nuclear para poder reforzar su influencia en el mundo musulmán y, en particular, servir como un contrapeso más fuerte frente a Irán.
Por otro lado, Irán también ha pasado años enriqueciendo uranio y buscando capacidades nucleares, argumentando que las necesita para su protección frente a adversarios como Israel y otros Estados hostiles. Esta búsqueda, en última instancia, llevó a Teherán a un enfrentamiento directo con Estados Unidos y contribuyó al estallido del conflicto.
Durante el transcurso de la guerra, Estados Unidos habría incurrido en gastos enormes. Según esta narrativa, la carga financiera se volvió tan significativa que miembros del Senado de EE. UU. plantearon preocupaciones sobre un mayor gasto militar.
No obstante, Trump hizo campaña de manera agresiva para conseguir la aprobación del Congreso para financiación adicional por valor de miles de millones de dólares. Se afirma que funcionarios de defensa de EE. UU. estiman que Estados Unidos ya ha gastado alrededor de 67.000 millones de dólares en el conflicto que involucra a Irán, y que los costos siguen aumentando.
Ante estos gastos cada vez mayores, Washington busca ahora formas de recuperar parte de sus costos, y Arabia Saudita ha surgido como un posible socio. Arabia Saudita ya había indicado que estaría dispuesta a invertir sumas sustanciales si se le concediera la posibilidad de desarrollar un programa nuclear.
Según se informa, Trump no estuvo de acuerdo en su momento, pero, ante el aumento de los gastos de guerra, ahora ha anunciado su disposición a proporcionar a Arabia Saudita tecnología nuclear.
Según la propuesta, Estados Unidos podría proporcionar esta capacidad a cambio de 10.000 millones de dólares, pero estrictamente con fines de energía nuclear civil y no para el desarrollo de armas nucleares.
Al mismo tiempo, se ha adjuntado una condición importante: Arabia Saudita tendría que reconocer formalmente a Israel antes de recibir la tecnología.
Como resultado, Arabia Saudita se encuentra en una situación difícil: incapaz de celebrar plenamente la oferta, pero tampoco dispuesta a abandonar sus ambiciones nucleares.
Las condiciones son tan estrictas que aceptarlas es políticamente desafiante, mientras que permanecer sin una capacidad nuclear estratégica también es visto por algunos como algo indeseable.

