Solía asumir que la IA cambiaría las finanzas tomando mejores decisiones. Últimamente, he empezado a preguntarme si el problema más difícil no es la inteligencia en sí. Es el permiso. Una estrategia de IA puede identificar una oportunidad en segundos, pero ¿quién decide que deba actuar, quién verifica esa decisión y quién asume las consecuencias si falla? Cuanto más observo Newton Protocol, más me parece un intento de responder a esas preguntas antes de que la automatización se vuelva algo común. Lo que me llama la atención no es la ejecución más rápida. Es la idea de que los sistemas autónomos quizá necesiten gobernanza tanto como necesitan computación. Ese pensamiento vuelve a surgir cada vez que estudio proyectos como OpenGradient, donde demostrar el comportamiento de una IA importa casi tanto como el resultado en sí, o infraestructuras centradas en la privacidad como Project Genius, donde el control sobre las acciones pasa a formar parte del diseño del sistema. A escala, la IA deja de ser un problema de software y pasa a convertirse en un problema de coordinación. Es posible que dediquemos menos tiempo a preguntar si las máquinas pueden pensar y más a preguntar a quién se les permite representar. No estoy seguro de que todavía hayamos apreciado plenamente la diferencia.
@NewtonProtocol #newt $NEWT
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