Criptomonedas: ¿el futuro de la economía o el espejo del presente?
Las criptomonedas suelen ser anunciadas como el futuro inevitable de la economía. Pero esta promesa dice menos sobre el mañana y más sobre el presente llevado al extremo. Lejos de reemplazar el sistema financiero tradicional, exponen sus contradicciones con aún menos filtros.
La idea de descentralización, pilar del discurso cripto, convive con una realidad marcada por la concentración de poder en grandes inversores, exchanges y formadores de opinión. La tecnología cambia, pero la asimetría permanece. Lo que se presenta como autonomía frecuentemente reproduce las mismas desigualdades del mercado financiero clásico — solo que a mayor velocidad.
Al mismo tiempo, el universo cripto revela una transformación real en la forma en que se produce y se reconoce el valor. En especial en las meme coins, el precio nace menos de la utilidad y más de la circulación. Vale lo que se ve, se comparte y se repite. La atención se convierte en activo. La inversión se confunde con participación cultural.
Este movimiento no es una ruptura, sino una radicalización del capitalismo contemporáneo, cada vez más dependiente de narrativa, visibilidad y compromiso. El dinero, siempre una convención social, se convierte también en un objeto cultural disputado en feeds y comunidades online.
Las criptomonedas no anuncian necesariamente una economía más justa o más eficiente. Pero cumplen un papel revelador: hacen explícito que, hoy, el valor no depende solo de lo que se produce — depende de lo que se consigue hacer circular. Y eso, nos guste o no, ya es parte central de la economía en la que vivimos.


