El escenario de referencia que aporta el World Gold Council para mediados de 2026 es que, según una única fuente, el precio del oro podría cotizar alrededor de 4.100 dólares por onza este año; y, según la misma fuente, el mercado prevé que la Reserva Federal suba al menos los tipos una vez hacia octubre, mientras que otros bancos centrales importantes seguirán endureciendo su política.
Dicho de otro modo, el punto central en torno a esos 4.100 dólares se basa en el supuesto de que «las subidas de tipos continúan». Al mismo tiempo, en la primera mitad del año el precio del oro primero rompió los 5.500 dólares y después volvió a caer por debajo de los 4.000 dólares, corrigiéndose aproximadamente un 7%; la propia volatilidad ya está reflejando las divergencias sobre las futuras tasas de interés y los riesgos.
Lo que añade más tensión es que el director del Consejo de Política Económica de la Casa Blanca, Hassett, afirmó directamente que «subir los tipos sería un error». Por un lado, está la senda de subidas que el mercado ha incorporado al precio; por el otro, el poder ejecutivo canta abiertamente en contra. De cara a la segunda mitad del año, es muy probable que el oro se convierta en una especie de lupa del pulso en torno a los tipos.
Para los participantes del mercado, esto significa que: el oro ya no es solo un simple «interruptor de refugio», sino una apuesta sobre la trayectoria futura de los tipos de interés. A partir de ahora, no solo habrá que vigilar el precio del oro en sí, sino también si las acciones reales de los bancos centrales van a la par con lo que se espera, y si voces políticas como las de la Casa Blanca van a cambiar esa trayectoria.
Dicho de otro modo, el punto central en torno a esos 4.100 dólares se basa en el supuesto de que «las subidas de tipos continúan». Al mismo tiempo, en la primera mitad del año el precio del oro primero rompió los 5.500 dólares y después volvió a caer por debajo de los 4.000 dólares, corrigiéndose aproximadamente un 7%; la propia volatilidad ya está reflejando las divergencias sobre las futuras tasas de interés y los riesgos.
Lo que añade más tensión es que el director del Consejo de Política Económica de la Casa Blanca, Hassett, afirmó directamente que «subir los tipos sería un error». Por un lado, está la senda de subidas que el mercado ha incorporado al precio; por el otro, el poder ejecutivo canta abiertamente en contra. De cara a la segunda mitad del año, es muy probable que el oro se convierta en una especie de lupa del pulso en torno a los tipos.
Para los participantes del mercado, esto significa que: el oro ya no es solo un simple «interruptor de refugio», sino una apuesta sobre la trayectoria futura de los tipos de interés. A partir de ahora, no solo habrá que vigilar el precio del oro en sí, sino también si las acciones reales de los bancos centrales van a la par con lo que se espera, y si voces políticas como las de la Casa Blanca van a cambiar esa trayectoria.
